Row 19 (2021)
Terror en modo avión.
Sin lugar a dudas, una de las experiencias mas terroríficas y poéticas, desde siempre es el miedo a volar, aquí tenemos otra de tantas, pero con un toque muy diferente, porque no es solo una película de «miedo en un avión», es un viaje al trauma del pasado, en donde el entorno es un espacio del que no se puede escapar, amplifica la ansiedad de la protagonista, Katerina, una doctora que además guarda el oscuro secreto de sobrevivir a un accidente aéreo de niña.
Es una película de terror en espacios confinados, donde el entorno es tan enemigo como el monstruo mismo.
¿REALIDAD O ALUCINACIÓN?

Como se contaba antes, hace veinte años, Katerina (Svetlana Ivanova), de siete años, fue la única superviviente de un accidente aéreo. Ahora, acompañada de su hija Diana (interpretada por Marta Kessler), también de siete años, por fin vuelve a subirse a un avión para visitar a su padre, el problema empieza cuando el vuelo se vuelve un poco problemático, debido en parte a sus traumas y a una situación de un demonio a bordo, que a esto le sumamos un vuelo nocturno medio vacío, una tormenta violenta y muertes inexplicables de pasajeros que desafían la lógica médica.
Aquí se da la eterna lucha, sobretodo de la protagonista por distinguir si está reviviendo su trauma infantil o si una fuerza oscura ha subido a bordo, es en este sentido que el núcleo de la película no es solo el terror físico, sino la incertidumbre sobre la salud mental de Katerina, sobre su pasado que nace del trauma infantil de Katerina, la única superviviente de un accidente aéreo. Debes analizar cómo la película utiliza este trauma como el «monstruo» real que la acecha, sugiriendo que las muertes en el avión podrían ser proyecciones de su estrés postraumático.
En este caso, la tensión aumenta cuando empiezan a ocurrir muertes inexplicables que «desafían la lógica médica». Como doctora, Katerina intenta encontrar explicaciones racionales, pero el dilema surge cuando las pruebas visuales (apariciones y eventos violentos) contradicen su ciencia, lo que se vuelve asfixiante mientras Katerina intenta distinguir si está reviviendo su accidente pasado o si una «fuerza oscura» real ha subido a bordo para reclamar lo que dejó pendiente años atrás.
A pesar de que hay otros pasajeros, el conflicto se siente solitario. La vulnerabilidad de Katerina la sitúa al borde de un colapso nervioso, lo que hace que tanto los personajes como el espectador duden de su testimonio.
EL GUIÓN BAJO LA LENTE DE MARIO BAVA

Pensando un poco en grandes referentes, la narrativa de la pesadilla (La lógica del sueño), donde el legendario director Mario Bava perfeccionó en películas como Operazione Paura (Kill, Baby… Kill!) la idea de que el guion no necesita una lógica lineal, sino una lógica emocional, en este sentido, en Row 19, el guion fragmenta la realidad. Los saltos temporales entre el accidente de la infancia de Katerina y el presente no son solo flashbacks, sino que se entrelazan de forma que el espectador pierde la noción de qué es real. Esta «geografía imposible» del avión recuerda a los pasillos circulares de los castillos de Bava.
Aquí aparece también la culpa como maldición ancestral, en el cine de Bava, el pasado nunca muere; se manifiesta como una entidad física, tal como aparece en el guion de Row 19, que utiliza la «Fila 19″ no como un asiento, sino como un purgatorio. Al igual que en Lisa and the Devil, los personajes parecen condenados a repetir un ciclo de horror dictado por un pecado o trauma original. El guion no avanza hacia una salida, sino que se hunde hacia un centro oscuro.
Tambien Bava usaba objetos o figuras (muñecas, retratos) como catalizadores del terror, acá se nota cómo el guion utiliza elementos visuales específicos (como los dibujos o ciertos objetos del pasado) para desencadenar el horror. No es solo un monstruo que ataca, es una atmósfera densa donde los objetos cobran un significado siniestro.
Si Carpenter puso la paranoia, Bava puso el delirio. El guion de Row 19 abandona la narrativa convencional para abrazar una estructura de pesadilla circular, muy cercana al horror gótico italiano, donde el avión deja de ser un transporte para convertirse en un mausoleo flotante de colores saturados y sombras imposibles.»
«Como en un cuadro de Mario Bava, el guion no busca que entendamos el ‘cómo’, sino que sintamos el ‘cuándo’: el momento exacto en que la realidad se quiebra para dejar paso a una culpa que tiene forma de espectro.»
LA FOTOGRAFÍA, DEL FRÍO QUIRÚRGICO AL ROJO VISCERAL

Al inicio, la fotografía utiliza tonos fríos y metálicos que evocan la esterilidad de un avión y la frialdad de la lógica médica de Katerina. Es una luz que «desinfecta» la realidad, por eso cuando en un momento se producen los cambios visuales, de forma brusca, el Viraje al Rojo, como elemento de terror sobrenatural (o el delirio) avanza, aparecen rojos saturados y luces parpadeantes. Este contraste es puramente influencia del cine de Mario Bava (como en Seis mujeres para el asesino), donde el color advierte que hemos cruzado el umbral hacia lo irracional.
Aca la luz no es una solución, sino mas bien funciona como una amenaza, no se trata de «no ver», sino de lo que la luz revela a medias. El claroscuro dramático crea sombras que parecen tener peso propio en la fila 19, entonces aquí se da el efecto de luz parpadeante, en donde las fallas eléctricas del avión se usan para crear un efecto estroboscópico. En los momentos de mayor tensión, la fotografía fragmenta la acción, haciendo que los movimientos de las «apariciones» parezcan inhumanos y saltarines.
La fotografía de Row 19 es un ejercicio de prestidigitación visual, que comienza con la asepsia de un drama clínico para terminar sumergiéndonos en un expresionismo cromático digno de las pesadillas de Mario Bava. Cada parpadeo de las luces de emergencia no es solo un fallo técnico, sino el latido de un espacio que respira y acecha, a través de encuadres asfixiantes y una profundidad de campo que aísla lo racional de lo imposible, la cámara logra que el espectador sienta la misma presión barométrica que desintegra la cordura de su protagonista.
En este aspecto, Row 19 no es solo otra película de terror en un avión; es la confirmación de que el cine de género ruso ha encontrado un equilibrio fascinante entre la eficiencia narrativa de Hollywood y una sensibilidad estética profundamente europea y sombría.
Logra amalgamar el suspenso de «asedio» propio de John Carpenter con una estructura de pesadilla circular que rinde homenaje al maestro Mario Bava, por su madurez visual, la fotografía de Vasiliy Grigolyunas demuestra que el terror no necesita grandes presupuestos si tiene una visión artística clara, capaz de transformar un espacio cotidiano en un purgatorio cromático, otorgándole profundidad al final del día, lo que queda en la retina del espectador no son solo los sobresaltos, sino el retrato de una psique rota intentando sobrevivir a la altitud de su propio trauma.
Row 19 es un viaje de ida hacia los rincones más oscuros de la culpa, es una recomendación obligatoria para quienes buscan un terror que no solo haga gritar, sino que desoriente los sentidos. Alexander Babaev nos regala una pieza donde el verdadero peligro no es caer al vacío, sino descubrir que el avión ha despegado sin intención de aterrizar jamás en el terreno de la cordura. Si el nuevo cine de terror ruso sigue este rumbo, el género tiene un futuro tan brillante como las luces estroboscópicas que iluminan su macabra Fila 19
Pero esta es otra historia……
Director - guionista