La leyenda de un artista camaleónico
Tim Curry (1946 - 2026)
La partida de Tim Curry deja un vacío enorme en el panorama interpretativo, donde pocos actores en la historia del cine y del teatro tuvieron la capacidad de adueñarse de la pantalla con una mezcla tan perfecta de carisma operístico, virtuosismo vocal y una rebeldía magnética que desafió encasillamientos durante más de cuatro décadas.
El camaleón que convirtió la extravagancia en arte
Tim Curry no interpretaba a sus personajes, los habitaba con una entrega física e intelectual absoluta, su legado trasciende géneros e iconografías culturales.
Tal es el caso del impacto rupturista (The Rocky Horror Picture Show, 1975) como el Dr. Frank-N-Furter, Curry regaló una de las actuaciones más audaces del cine del siglo XX, con un dominio escénico apabullante y una voz prodigiosa, convirtió lo andrógeno y la subversión en un himno a la libertad individual.
La personificación del terror (It, 1990), mucho antes del cine de terror digitalizado moderno, la interpretación de Curry como el payaso Pennywise en la miniserie de culto demostró cómo un actor puede infundir una claustrofobia y amenaza puras basándose casi exclusivamente en la mirada, la modulación vocal y el lenguaje corporal.
La versatilidad en el antagonismo, desde el demoníaco Lord Darkness en Legend (1985) de Ridley Scott, cubierto de prótesis pero inconfundible por su presencia, hasta el calculador y divertido recepcionista Sr. Hector en Mi pobre angelito 2 (1992), Curry entendía que un gran villano siempre debía retener un toque de elegancia y humor seco.
Comedia de conjunto y teatro (Clue, 1985 y Broadway), en Clue, ofreció una cátedra de sincronización cómica y virtuosismo físico en el clímax de la cinta, paralelamente, su trayectoria en los escenarios británicos y en Broadway (nominado al Tony por obras como Amadeus y Spamalot) reafirmó su estatus de actor de formación clásica.
El triunfo de la voz y el espíritu
Aun cuando un accidente cerebrovascular en 2012 limitó su movilidad física, Curry continuó trabajando incansablemente en el doblaje y asistiendo a encuentros con sus seguidores, demostrando una resiliencia impecable y un amor profundo por su profesión, su voz profunda y barítona siguió dando vida a innumerables villanos y héroes en la animación.
Tim Curry no buscó la norma ni el encasillamiento de Hollywood; prefirió la audacia, nos deja el recuerdo de un artista arrollador que enseñó a generaciones de espectadores que lo estrafalario, bien ejecutado, puede ser la forma más pura y hermosa del arte dramático.