La Guerra de los Últimos

Al que le pese la capa......

Abordar la figura de Ridley Scott, exige navegar por un mapa cinematográfico caracterizado por una irregularidad desconcertante, el realizador británico ha alternado obras maestras indiscutibles con producciones fallidas o aburridas, en La constelación del perro, esta disparidad vuelve a hacerse evidente, mostrando a un autor que parece ejecutar sus decisiones de puesta en escena en piloto automático, muy lejos del rigor y la frescura que caracterizaron sus años dorados.

PUESTA EN ESCENA: VACÍO Y PIROTECNIA

El mayor problema formal de la película reside en su severo desajuste de tonos, por un lado, la cinta ofrece diálogos excesivamente parcos, lineales y desprovistos de profundidad subtextual, que estancan el avance dramático, por otro lado, Scott intenta compensar esta aridez narrativa irrumpiendo con secuencias de acción exacerbadas y estruendosas.
El montaje, plano y distante, carece de toda emocionalidad; la violencia y la pirotecnia no responden a una necesidad dramática, sino que actúan como un mero parche visual para tapar un bache narrativo insalvable.

Diálogos insípidos, pirotecnia sin alma y un Jacob Elordi completamente devorado por un elenco salvaje en el nuevo naufragio del veterano director.

ELENCO SIN EQUILIBRIO

Este desatino en la dirección salpica directamente al apartado actoral, por un lado, contamos con interpretaciones de enorme magnetismo, como Josh Brolin y Margaret Qualley imprimen una intensidad feroz a sus apariciones, mientras que el siempre confiable Guy Pearce actúa como una garantía absoluta de solvencia y presencia en pantalla.
Sin embargo, este despliegue de fuerza eclipsa por completo a Jacob Elordi, quien, por decisiones de dirección o falta de peso escénico frente a semejantes titanes, queda inexplicablemente minimizado y desdibujado en el conjunto.

Ridley hace rato que dejó de hacer ese cine de antaño: su hermano Tony sigue dejando la vara alta.

GUION SIN TENSIÓN DRAMÁTICA

El libreto no ayuda a sostener el naufragio, con una estructura predecible y lineal, el guion desaprovecha cualquier oportunidad de generar suspenso verdadero o conflicto psicológico, en lugar de construir una curva dramática ascendente, la escritura se limita a asentar de forma brusca los saltos entre las secuencias de diálogo desganado y la aparatosa puesta en escena de las secuencias de acción.

A la luz del resultado, La constelación del perro es una obra cuya experiencia no justifica el ritual ni el costo de la sala de cine; habría funcionado de forma mucho más honesta y entretenida como un lanzamiento directo para plataformas de streaming. Ridley Scott hace tiempo que dejó de entregar ese cine atmosférico, revolucionario y de autor con el que firmó óperas e íconos de la talla de Alien, Blade Runner o Black Rain, mientras él parece acomodado en la factura industrial sin alma, el recuerdo de su hermano Tony Scott sigue dejando la vara demasiado alta en el cine de género vibrante y autoral.

 

Pero esa es otra historia…

VEREDICTO
3.5
Un espectáculo desconectado y desequilibrado, que pese al empuje brutal de Brolin, Qualley y Pearce, la película se hunde por un guion apático, una dirección de montaje sin corazón y un Jacob Elordi desaprovechado, ideal para ver en casa a velocidad 1.5x.
Alejandro Diaz Retamal
Director - guionista