La odisea de los giles (2019)
Cuando la tragedia se convierte en adrenalina pura
Si algo sabe hacer el cine argentino cuando le tocan la fibra del orgullo, es agarrar la tragedia nacional y convertirla en un espectáculo de pura adrenalina y dignidad popular, en La odisea de los giles (2019), el director Sebastián Borensztein toma la herida abierta del infame “corralito” bancario de 2001 (ese despojo histórico donde las instituciones secuestraron los ahorros de toda una población) y la transforma en una lección de revancha colectiva con tanto encanto que hasta el espectador más desconfiado termina aplaudiendo de pie.
EL ERROR FATAL DE SUBESTIMAR AL PUEBLO
La historia nos catapulta directo a Alsina, un pueblo rural modesto y aletargado donde un grupo de vecinos decide juntar hasta el último centavo de sus vidas para comprar un silo abandonado y reactivar la economía local. ¿El problema? El sistema financiero y un abogado con alma de buitre les tienden una emboscada justo horas antes de que el país se declare en quiebra, los dejan en la ruina absoluta, pero cometieron un error fatal, subestimaron a los “giles”, a esa gente trabajadora y paciente que, cuando se cansa de ser pisoteada, aprende a ajustar cuentas sin pedir permiso a la ley.
Una lección de revancha colectiva donde la gente común demuestra que no hay nada más peligroso en este mundo que un gil acorralado.
PRECISIÓN NARRATIVA SIN ARTEFACTOS VACÍOS
El verdadero motor de esta joya reside en su impecable guion, basado en la novela de Eduardo Sacheri, el libreto avanza con la precisión de un reloj suizo, balanceando el drama humano más honesto con ráfagas de comedia negra y un suspenso propio del clásico cine de atracos. No hay pretensiones ni intelectualismos vacíos; cada diálogo se siente vivo, rápido y lleno de ese lenguaje cotidiano e informal cargado de la picardía tan característica de la calle argentina.
La odisea de los giles transforma el desastre del «corralito» argentino en un atraco maestro lleno de picardía, paisajes hermosos y puro fuego actoral.
LA BELLEZA NATURAL DE LA PAMPA
Visualmente, la película es una sorpresa impresionante, lejos de la estética sombría, sucia y gris que suele acompañar a las historias sobre crisis económicas, la fotografía apuesta por un equilibrio espléndido de los paisajes de la pampa argentina, los campos abiertos, bañados por una luz cálida y natural, contrastan magistralmente con la frialdad metálica y mezquina de la bóveda bancaria donde esconden el botín. Hay una perfección visual en la manera en que la cámara encuadra la inmensidad del campo, los paisajes no son un adorno decorativo, sino un personaje más que transmite aire, pertenencia y una calma previa a la tormenta.
Al igual que David Lean demostró en Lawrence de Arabia que no se necesita la parafernalia moderna del formato IMAX para capturar la vastedad del desierto ni la epopeya íntima de un hombre común enfrentado a un mundo que lo supera, Borensztein apoya la grandeza de su escala en el encuadre natural y la sustancia dramática, la pampa argentina se siente inmensa y viva gracias a la composición y la luz, demostrando que el verdadero alcance épico nace de la narrativa visual y no de la tecnología de proyección.
UN ELENCO CORAL DE LUJO
En cuanto a las actuaciones, la película cuenta con un reparto deslumbrante. Ricardo Darín demuestra una vez más por qué es el rey indiscutido del cine latinoamericano, entregando un personaje cansado pero noble, junto a él, el legendario Luis Brandoni aporta ese toque de picardía veterana y furia contenida que enciende cada escena, secundados brillantemente por Chino Darín, Verónica Llinás y un genial Daniel Aráoz, la química del grupo es insuperable, transmiten la autenticidad de un pueblo entero que decide armar una conspiración armada no por codicia, sino por pura justicia moral.
En conclusión, La odisea de los giles es un triunfo rotundo del entretenimiento con causa. Borensztein logra una puesta en escena ágil, rítmica y vistosa que nos demuestra que, contra el abuso del poder y la corrupción de guante blanco, el mejor antídoto siempre será la astucia comunitaria. Una película brillante, redonda y sumamente satisfactoria que te recuerda por qué nos enamoramos del cine.
¡Imperdible! Un thriller de venganza rústica, cargado de actuaciones memorables, paisajes preciosos y una satisfacción moral insuperable.
Director - guionista