Normal (2025)

N de normal

Hablando de la vida y de lo incierto, tenemos como punto de partida una de las mejores y geniales ironias cinematográficas, “Normal”, que se describe cómo un thriller criminal al mejor estilo de Hitchcock, en un pueblo pequeño y gris, donde rápidamente se descarrila hacia un festival de balas, sangre y humor negro. En donde claramente establece sus intenciones desde el primer segundo (por ejemplo, con esa enérgica versión japonesa de “Paranoid” de Black Sabbath en los créditos), esto significa que no viene a dar lecciones morales; viene a ofrecer un espectáculo de caos controlado.

Esta película, que junta el violento ingenio del guionista Derek Kolstad (John Wick, Nobody) con la dirección caótica y visceral de Ben Wheatley (Free Fire), es un vehículo perfecto para analizar cómo el cine de acción contemporáneo puede ser conciso, divertido y brutal al mismo tiempo.

El Detonante se da cuando el sheriff interino Ulysses (Bob Odenkirk) llega a un pueblo aparentemente tranquilo, hasta que un fallido robo a un banco local levanta la alfombra de una conspiración que involucra a toda la comunidad (llegando incluso a involucrar a los Yakuza), aquí el dilema es que Ulysses no solo debe resolver un misterio; sino que además debe sobrevivir a una noche donde, de repente, todos sus constituyentes intentan matarlo. Es la clásica premisa de «un hombre contra el mundo» llevada al absurdo de la supervivencia rural.

Influencia del cine clásico

Aunque “Normal” se promociona bajo el manto del cine de acción moderno (al estilo de los creadores de John Wick y Nobody), la película está profundamente enraizada en las estructuras del cine clásico.

Es en este sentido que tenemos el arquetipo del western clásico, el «Sheriff» contra el pueblo, la influencia clara bebe directamente del Western clásico, en particular de cintas donde un forastero con la insignia de la ley llega a imponer orden a una frontera hostil e hipócrita (pensa en clásicos como High Noon / Solo ante el peligro), donde Ulysses (Bob Odenkirk) no es el superespía moderno tecnológicamente equipado, es un cowboy cansado y magullado en un entorno invernal. A diferencia de los héroes de acción contemporáneos que son máquinas infalibles de matar, Ulysses evoca la vulnerabilidad de los antihéroes del cine del siglo XX, hombres superados por las circunstancias, con dilemas morales grises y que ganan las batallas a base de pura resistencia física y astucia, no por ser invencibles.

El Suspenso estilo Hitchcock y el cine de gángsters mas tradicional, aquí, el propio Bob Odenkirk y el guionista Derek Kolstad confesaron que diseñaron el primer acto de la película con una fuerte dosis de intriga y thriller criminal al estilo de Alfred Hitchcock, por lo mismo, Normal no arranca con explosiones gratuitas; se toma su tiempo para construir el misterio a través de la tensión y la paranoia en espacios pequeños. Cuando el secreto del banco del pueblo estalla (conectando la trama con las dinámicas del cine de gángsters clásico), la película rinde homenaje a esas tramas clásicas de intriga donde el peligro se esconde detrás de la fachada de la cotidianeidad más absoluta.

El estilo «Heroic Bloodshed» de Hong Kong (Años 80 y 90), en su dirección de las balaceras, Ben Wheatley evoca los códigos visuales heredados del cine de acción clásico de Hong Kong, popularizado por directores como John Woo o el Japones Takeshi Kitano, dando lugar al montaje frenético y digitalizado de muchas películas actuales, Normal utiliza balaceras que se sienten pesadas, viscerales y coreografiadas como una caótica danza de pólvora y balas. El uso de los espacios confinados del pueblo (y el propio conteo físico de las municiones) rinde un tributo directo a esa época dorada donde cada disparo tenía un impacto geográfico claro y brutal en la pantalla.
Lo que hace verdaderamente magnética a ‘Normal’ no es su pirotecnia contemporánea, sino el profundo respeto que procesa hacia los pilares del cine de género clásico. Bajo su manto de modernidad, la cinta opera como un Western invernal de pura cepa, donde Bob Odenkirk encarna al clásico héroe cansado y moralmente magullado que evoca los años dorados del antihéroe cinematográfico. Al cruzar el suspenso meticuloso heredado del cine de hitchcock en su primer acto con la visceral coreografía de tiroteos que remite al cine de acción de Hong Kong de finales del siglo pasado, Wheatley y Kolstad logran un equilibrio perfecto, una carta de amor a la acción de la vieja escuela filmada con la urgencia y el humor negro del siglo XXI.
Acá además, se establece el paradigma de la nieve, rodar en un entorno cubierto de nieve (Minnesota) no solo aporta al ambiente, sino que sirve para aislar a los personajes. Al igual que en los tiroteos clásicos en pueblos fantasmas del Western, la nieve aquí atrapa al héroe en un escenario claustrofóbico de «un hombre contra el mundo», forzándolo a sobrevivir usando el entorno, un recurso narrativo clásico del cine de supervivencia antes de la llegada de los efectos digitales masivos.

La importancia del mise en scène (Puesta en escena)

Acá es muy importante el espacio como un enemigo más, que evoca perfectamente el aislamiento de Minnesota, donde el diseño de producción transforma el gélido pueblo de Minnesota en una trampa física. La nieve constante, las calles vacías y la iluminación mortecina no solo crean una atmósfera desoladora, sino que tienen un propósito narrativo, cual es aislar por completo a los personajes.
La Idea en si, al igual que en los tiroteos del Western clásico o en las tramas de supervivencia claustrofóbicas, la geografía inhóspita atrapa al sheriff Ulysses (Bob Odenkirk) en un escenario de «un hombre contra el mundo», en donde no hay escapatoria digital ni refuerzos en camino; la puesta en escena elimina de un plumazo cualquier ayuda exterior, obligando al protagonista a depender únicamente de su entorno inmediato para sobrevivir.
Es en este aspecto que, Ben Wheatley es un maestro dirigiendo la tensión dentro de perímetros muy limitados (algo que ya perfeccionó en Free Fire). En Normal, gran parte del caos transcurre en locaciones reducidas como el banco local, la comisaría o una cafetería pequeña.

El verdadero triunfo de ‘Normal’ reside en la meticulosa inteligencia de su puesta en escena. Ben Wheatley renuncia deliberadamente a la pirotecnia digital desmedida para volver a los principios fundamentales del suspenso espacial: transformar el entorno en un personaje hostil. Al enmarcar el relato en los parajes gélidos y aislados de Minnesota, el diseño de producción no solo evoca un frío cortante, sino que atrapa físicamente al espectador. Cuando la acción estalla en espacios confinados, la cámara se convierte en un testigo claustrofóbico que respeta la geografía del tiroteo. Cada rincón, cada línea de visión y cada cobertura cuentan en la pantalla, recordándonos que en el gran cine de acción la tensión no nace de la magnitud de las explosiones, sino del control absoluto del espacio narrativo.

Jugando con la luz en medio de la nada

Gran parte de la acción transcurre durante una noche implacable. Explica cómo la dirección de fotografía se apoya en el blanco de la nieve de Minnesota para reflejar la poca luz disponible, creando una sensación de desolación. La nieve no solo aísla, sino que actúa como un lienzo pálido sobre el cual rebotan las sombras y se proyecta la violencia de forma cruda.
Además en los interiores (el banco, la cafetería, la comisaría), predomina una iluminación artificial fría, de tubos fluorescentes parpadeantes o luces amarillentas desgastadas. Esta decisión estética despoja al entorno de cualquier rastro de calidez o de la «normalidad» que promete el título. Visualmente, nos está diciendo que las instituciones y los cimientos de esa comunidad están rotos y podridos, utiliza contrastes muy marcados, donde los personajes a menudo entran y salen de zonas de absoluta penumbra, lo que eleva la paranoia del gran maestro Hitchcock del primer acto. En los tiroteos, los fogonazos de las armas se convierten en breves e instantáneos destellos que rompen la oscuridad, otorgándole a la acción un ritmo visual melódico y casi de pesadilla.

En última instancia, ‘Normal’ (2025) demuestra que el cine de acción contemporáneo no necesita de presupuestos faraónicos ni de pirotecnia digital desmedida cuando se tiene una visión artística clara y un respeto absoluto por las reglas del género, lo que a simple vista podría parecer un festival de violencia coreografiada se revela, bajo la mano de Ben Wheatley y el guion de Derek Kolstad, como un sobrio thriller de supervivencia que sabe cuándo pausar la tensión y cuándo desatar el caos. Apoyada en una puesta en escena claustrofóbica, una iluminación que retrata la decadencia moral de su entorno y una interpretación soberbia de Bob Odenkirk, quien consolida su estatus como el héroe de acción más humano y vulnerable de la década, la película es mucho más que un entretenimiento pasajero. ‘Normal’ es una magnífica lección de cine de género: concisa, atmosférica, brutal y, por encima de todo, extraordinariamente inteligente.

 

Pero esta es otra historia…

Alejandro Diaz Retamal
Director - guionista