People will talk (1951)

Generando dudas.

Cuando uno ve un clásico del cine, es como abrir un baúl con juguetes antiguos que vuelves apreciar tal y me refiero a esta joya de la comedia dramática, satírica, fantástica y mordaz People Will Talk (1951) (conocida en español como Cariño, ¿quién soy yo? o La gente hablará), dirigida por el legendario Joseph L. Mankiewicz y protagonizada por Cary Grant y Jeanne Crain. Es una obra que tiene la profundidad intelectual y el filo analítico que solo el gran Mankiewicz puede hacer, porque no es una simple comedia romántica de la época; es una feroz e inteligente bofetada al macartismo, la hipocresía médica y los prejuicios sociales.

Mankiewicz venía de triunfar con All About Eve (1950) y aquí utiliza su afilada pluma para desafiar la rigidez moral de la posguerra, con la Idea de presentar al Dr. Noah Praetorius (Cary Grant) como un idealista que entiende la medicina no solo como ciencia, sino como un acto de empatía humana. Contrasta su luz con la mediocridad y la envidia que lo rodean en la facultad, además posee un contexto político oculto, porque menciona que, bajo la superficie de una comedia académica, la película es una alegoría directa de la «Caza de Brujas» (el macartismo) que Hollywood sufría en 1951. El juicio inquisitivo al que someten a Praetorius refleja perfectamente la paranoia anticomunista de la época.

El Conflicto es simple, romper las reglas del decoro, analizando los dos ejes argumentales que desafían la moral conservadora de los años 50. El dilema del embarazo de Deborah Higgins (Jeanne Crain) quien está embarazada y soltera, un tabú absoluto para el cine de la época. Además, analiza cómo Praetorius subvierte el juicio social casándose con ella no por «salvar su honor», sino por un genuino acto de amor y compasión, rompiendo los esquemas melodramáticos tradicionales. el misterio del Sr. Shunderson: El silencioso acompañante del doctor encarna la idea de la redención. El misterio de su identidad sirve para exponer que las personas son mucho más complejas de lo que los comités de moralidad pretenden dictaminar.
Aquí los puntos fuertes para destacar son la subversión del estereotipo de Cary Grant, quien deja de lado al galán superficial para interpretar a un intelectual maduro, excéntrico (dirige una orquesta estudiantil como pasatiempo) y éticamente inquebrantable. Es uno de sus papeles más magnéticos pero subestimados, la crítica institucional, en este sentido el personaje del profesor Elwell (Hume Cronyn) funciona de forma impecable como la personificación de la burocracia envidiosa, el puritanismo rancio y el hombre gris que odia el brillo ajeno, y finalmente el clímax del juicio, aquí en el tercer acto, es donde Praetorius debe defender su pasado y sus métodos, es una clase magistral de retórica donde Mankiewicz ridiculiza los tribunales morales.

La pluma de Mankiewicz

Hablar del estilo cinematográfico y de los guiones de Joseph L. Mankiewicz es adentrarse en la aristocracia de la palabra en Hollywood. Mankiewicz no escribía guiones para ser filmados; escribía partituras intelectuales donde la acción física quedaba subordinada al poder del lenguaje, en una era dominada por directores visuales o grandes espectáculos, él demostró que la palabra escrita puede ser la fuerza más dinámica y cinematográfica de una película.
El diálogo como acción dramática (Word-driven Cinema), significa que para Mankiewicz, el diálogo no servía simplemente para hacer avanzar la trama o dar información (exposición); el diálogo era el conflicto en sí mismo, usando la palabra como arma en donde sus personajes rara vez llegan a las manos; se destruyen, se defienden, se enamoran y compiten a través de la ironía, el sarcasmo, las réplicas veloces y los discursos perfectamente estructurados, dándole sofisticación e inteligencia, en este sentido, no proponía, sino más bien asumía que el espectador era extremadamente inteligente, por eso sus guiones están plagados de referencias culturales, dobles sentidos y una ironía mordaz que requiere atención absoluta. En People Will Talk, por ejemplo, el juicio final al Dr. Praetorius no se resuelve con una revelación física o un giro de tuerca visual, sino con una brillante lección de retórica y humanismo que desarma a los burócratas.

Posee estructuras narrativas fragmentadas y el eso maestro del Flashback, en este sentido, Mankiewicz fue uno de los grandes pioneros en romper la linealidad temporal del cine clásico, influyendo directamente en el cine moderno, con múltiples perspectivas, por ejemplo le fascinaba contar una misma historia desde los ojos de diferentes personajes (Efecto Rashomon), aca el ejemplo definitivo es Carta a tres esposas (1949), donde una voz en off detona tres extensos flashbacks analíticos, o la mismísima All About Eve (1950), donde la historia de la trepadora Eva Harrington es diseccionada por tres narradores distintos, conjugando el rompecabezas psicológico, en el tiempo cronológico, que le importaba menos que el tiempo psicológico, porque usaba el pasado no como un simple recurso explicativo, sino para demostrar cómo los recuerdos y las percepciones moldean el presente de los personajes.

Condensaba muy bien la radiografía de la hipocresía social y las Instituciones detrás de la elegancia de sus comedias y dramas, los guiones de Mankiewicz esconden un bisturí extremadamente afilado que disecciona la sociedad de su época, estableciendo la farsa de las apariencias y la distancia que existe entre lo que las personas aparentan ser ante la sociedad y lo que realmente son en su intimidad.
En People Will Talk, arremete contra el puritanismo, la envidia académica y el dogmatismo de las instituciones, asi tales como en sus anteriores trabajos, desnuda la crueldad, el egoísmo y la ambición desmedida del mundo del teatro, siendo sus libretos, profundos estudios sociológicos camuflados en el entretenimiento de Hollywood.
Así pues, la sustitución de la acción física por la brillantez verbal, significa que sus películas no se mueven por persecuciones o explosiones, sino por el choque de mentes brillantes atrapadas.

Más allá de sus enredos románticos y académicos, People Will Talk sobrevive al paso del tiempo como una lúcida disección de la farsa de las apariencias, con el cinismo elegante y el humanismo quirúrgico propios de los guiones de Mankiewicz, aquí el director utilizó su afilada pluma para asestar un golpe maestro a la paranoia de la caza de brujas y al puritanismo de su tiempo, siendo la película una lección tan vigente hoy como en 1951, que la salud de una sociedad no se mide por la rigidez de sus normas morales o por el escrutinio de un comité, sino por su capacidad de mirar al ser humano con comprensión, a través del magnético Dr. Praetorius, la película nos recuerda que las instituciones y las masas (‘la gente’) suelen operar desde la envidia y el dogma, mientras que la verdadera ética reside en la empatía y la decencia individual.

Una obra maestra sigue demostrando que la inteligencia y la compasión son las mejores armas para desarmar la hipocresía social.

Pero esta es otra historia…

Alejandro Diaz Retamal
Director - guionista