Virgin Mountain «FÚSI» (2015)

Con el peso en el corazón.

Es la idea vaga de creer en los potenciales de quienes alegan en todas partes sus debilidades, pero cuando se trata de un ser que lo hace en silencio, nadie sabrá nunca el dolor que está pasando, eso es lo que Virgin mountain hace que sea tan conmovedora y auténtica como el paisaje de Reikiavik.

Esta obra, dirigida por Dagur Kári, es una pieza de orfebrería emocional que huye de los clichés de la comedia romántica tradicional para entregarnos un estudio de personaje profundamente humano.

Es una apología del gigante gentil, que empieza estableciendo el tono, no es una comedia de risas explosivas, sino una de humor seco y melancolía nórdica, en donde tenemos a fúsi, un hombre de 43 años que aún vive con su madre y cuyo refugio son las maquetas de batallas históricas y los coches de juguete estilo warhammer, lo que la convierte en una obra con un profundo y marcado encierro propio, alejándose de la imagen turística de islandia para mostrar la cotidianidad gris y fría de los suburbios, lo que acentúa la soledad del protagonista.
Esta historia es acerca de salir del cascarón y el despertar tardío de Fúsi., en donde el detonante comienza con un cupón para una clase de baile que lo obliga a interactuar con el mundo exterior y donde conoce a sjöfn, una mujer con sus propias heridas abiertas, aquí el dilema se centra en la lucha de un hombre que ha sido invisible para la sociedad y que ahora debe aprender a ocupar su espacio, enfrentándose a los prejuicios de los demás y a su propia inercia.
Aunque tiene momentos de humor tierno, es predominantemente un drama existencialista, a lo que si el público espera algo al estilo Hollywood, lamentablemente se perderá la delicadeza del crecimiento interno de Fúsi, que no busca una gran transformación externa, sino la paz interior.

A LA SOMBRA DE KAURISMAKI.

Ambos comparten esa «melancolía del norte», pero el guion de Virgin Mountain tiene matices específicos que lo hermanan con obras como Un hombre sin pasado o Nubes pasajeras.
Estableciendo puntos como la economía del lenguaje, El guion de Fúsi no se apoya en diálogos expositivos, sino que su fuerza reside en lo que no se dice, en este aspecto el protagonista es pasivo, a diferencia de los guiones tradicionales donde el héroe «quiere algo» y lucha por ello, Fúsi es un personaje reactivo, el guion es un ejercicio de paciencia; la tensión no proviene de grandes eventos, sino de la incomodidad del silencio, como el humor de situación (Deadpan), aquí el humor surge de la rigidez de las rutinas y de la interacción de Fúsi con un mundo que no sabe qué hacer con él. Es un humor seco, casi imperturbable, que evita la burla fácil.

La influencia de Kaurismäki en Virgin Mountain es palpable en la construcción de la atmósfera y la dignidad de sus personajes, por ejemplo el Humanismo de los marginados, al igual que Kaurismäki, Dagur Kári pone el foco en la clase trabajadora invisible. Fúsi trabaja en el personal de tierra de un aeropuerto (un lugar de tránsito, de gente que se va, mientras él se queda), esta fijación por los «perdedores» con un código moral inquebrantable es puro cine finlandés.

El Estilo «Deadpan» y la Impasibilidad, ya en las películas de Kaurismäki, los actores suelen mantener una expresión neutra frente a la tragedia o la alegría, en Virgin Mountain, Fúsi mantiene esa misma economía gestual, en donde no necesita llorar para que sintamos su tristeza; basta con verlo comer solo en su coche, esa contención emocional genera una empatía mucho más profunda que el melodrama exagerado.

Tambien tenemos la solidaridad entre almas rotas, porque en el cine de ambos, el amor no es un estallido de fuegos artificiales, sino una compañía silenciosa. La relación entre Fúsi y Sjöfn recuerda a los encuentros fortuitos de Kaurismäki, dos personas que la sociedad ha descartado y que intentan, torpemente, sostenerse mutuamente.

Ahora, si hay una diferencia sustancial, porque a diferencia de Kaurismäki, que a veces roza el surrealismo o la fábula política, Dagur Kári en Virgin Mountain es un poco más naturalista, mientras que en el finlandés los colores son saturados (azules y rojos intensos), en la película islandesa predomina una paleta de grises y pasteles apagados, lo que le da un toque más realista y menos estilizado.

FILOSOFIA INTERIOR.

Para entender a Fúsi, hay que mirar más allá de su superficie de «hombre-niño» y entender que su existencia es, en realidad, una forma de resistencia silenciosa.

El Estoicismo de la Bondad Incondicional de Fúsi no es meramente la ingenuidad; simplemente ha elegido no ser cínico, por ende, su filosofía se basa en una aceptación radical de su entorno y la resiliencia ante el desprecio, que a pesar del acoso de sus compañeros de trabajo o la frialdad de su madre, Fúsi no reacciona con ira, porque no es debilidad, es una estructura moral distinta, él no permite que la fealdad del mundo exterior corrompa su paz interna, como el «Dar» sin esperar su ayuda a Sjöfn (la protagonista femenina) que es el ejemplo máximo, el no la cuida para «conquistarla» al estilo de una película de Hollywood, sino porque ella lo necesita, siendo en este caso una filosofía de cuidado desinteresado que desafía la lógica transaccional de las relaciones modernas.

En esta película, la soledad actúa como Refugio, no como prisión, por eso a menudo se juzga a Fúsi como alguien «atrapado», pero su filosofía personal sugiere que sus pasatiempos (las maquetas, los coches de radio control) son su forma de ejercer control sobre un mundo caótico.
Aca es donde entendemos el micromundo y en sus maquetas de la Segunda Guerra Mundial, el caos de la historia está ordenado, pintado a mano y bajo control. Hay una filosofía de búsqueda de orden y belleza en la miniatura ante la inmensidad inabarcable (y a menudo hostil) de la vida adulta en Islandia, lo que hace el Tiempo Propio a Fúsi, que no sigue el reloj social (casarse, tener éxito, escalar puestos), el simpleente habita un tiempo circular, donde la repetición de sus rutinas es su forma de meditación.

A diferencia del mundo contemporáneo, la ética propia de la invisibilidad, lo ha obsesionado con ser visto y validado, la filosofía de Fúsi es la de la sombra, o la dignidad del silencio, porque Fúsi no busca reconocimiento, se basa man en su crecimiento al final de la película, porque para el no es convertirse en un «triunfador», sino simplemente atreverse a cruzar una frontera (literal y metafórica), alcanzando la madurez no convencional, es por eso que el guion nos dice que madurar no es dejar de jugar con coches, sino aprender a proteger a otros y a tomar decisiones por uno mismo, aquí su filosofía culmina en el viaje final, como un acto de autonomía que no necesita la aprobación de nadie.

Simple y llanamente Fusi en su estado mental, es como una forma de ataraxia (ausencia de turbación). Podríamos decir que es como una roca que las olas de la sociedad golpean sin lograr erosionar su esencia.

Es también considerado como el «Buen Salvaje» urbano, una clara referencia a Rousseau, pero adaptada al frío de Reikiavik. Fúsi representa la pureza del espíritu que no ha sido corrompido por la malicia ni la competencia social, aquí la filosofía de Fúsi no reside en sus palabras, sino en su espalda ancha, capaz de cargar con el dolor ajeno sin pedir explicaciones, su heroísmo es invisible porque no busca el aplauso, sino la simple coherencia con su propia naturaleza bondadosa.

En última instancia, Virgin Mountain es una lección de minimalismo emocional donde Dagur Kári demuestra que no se necesitan grandes discursos para narrar una transformación profunda, a través de un guion que abraza el silencio y una puesta en escena que rinde un tributo implícito a la dignidad proletaria de Aki Kaurismäki, aquí la película nos regala a uno de los personajes más puros del cine contemporáneo.
Fúsi no termina la película siendo un hombre distinto a los ojos del mundo, pero sí ante sus propios ojos, su victoria no es el romance, sino la autonomía; su filosofía de bondad incondicional, lejos de ser una debilidad, se revela como su mayor fortaleza.

Es una obra que nos obliga a mirar a los invisibles y a reconocer que, a veces, el viaje más largo no es el que cruza fronteras geográficas, sino el que nos lleva a salir, por fin, de nuestra propia montaña de miedos.

Finalmente, Virgin Mountain es una joya oculta del cine nórdico o mas bien un abrazo necesario en un mundo cínico, siendo es ideal para quienes buscan un cine humano, pausado y que valora los pequeños gestos por encima de los grandes giros de guion, en donde además, el valor agregado es la interpretación de Gunnar Jónsson la que ancla este drama, permitiendo que el espectador sienta el peso de cada uno de sus silencios hasta que, finalmente, el gigante decide caminar por su cuenta.

Pero esta es otra historia…

Alejandro Diaz Retamal
Director - guionista