Kraken (2026)

Perdón, que fue lo que dijo?????

PÅL ØIE es un notable director noruego que entre sus trabajos, su especialidad siempre ha sido los monstruos, destacando el maravilloso trabajo de Troll (2022), este año nos llega con otra especie de su catálogo de seres extraordinarios.

Es que cuando hablamos de KRAKEN (2026), no solo hablamos de una película de «monstruos», sino que también es una actualización de la mitología nórdica en un entorno moderno y realista, usando el paisaje noruego (montañas escarpadas y aguas oscuras) como caldo de cultivo perfecto para que las leyendas cobren vida.

PARADOJA DE HITCHCOCK

Al analizar Kraken, es inevitable trazar un paralelo con el pilar del cine de terror marino como el clásico Tiburón (1975). Esta conexión no solo se da por la temática, sino por la gestión de la tensión y la escala de la tensión de lo invisible, es decir, siguiendo la máxima de Alfred Hitchcock sobre no entregarle todo al público de inmediato, la película utiliza la penumbra y los perfiles de los fiordos para construir un terror que se siente real mucho antes de la gran revelación. Al igual que Spielberg con su escualo, Pål Øie entiende que el miedo más puro nace de lo que el espectador imagina en la oscuridad, acentuando el sonido como presencia, es decir, aquel «rugido sordo» que emana de las profundidades del fiordo y que actúa como el equivalente al famoso tema de dos notas de John Williams, lo que funciona como un recordatorio constante de que la naturaleza tiene memoria y está acechando, manteniendo una amenaza opresiva incluso cuando no hay nada en pantalla.

Pero, hablemos también de la escala monumental, mientras que Tiburón jugaba con la vulnerabilidad del hombre en el mar abierto, Kraken utiliza la geografía de Noruega como una «fosa de ansiedad». La cámara enfatiza la magnitud de la amenaza describiendo visualmente a la criatura como algo «tan grande como una montaña», lo que eleva el legado del cine de monstruos a niveles monumentales, en perfecto equilibro con la dualidad del espectáculo, siendo importante notar que, alineado con las críticas a los blockbusters modernos, «la película brilla más cuando sugiere que cuando muestra», me refiero que algunos análisis indican que el monstruo pierde parte de su capacidad de intimidación al mostrarse por completo mediante VFX, lo que refuerza la teoría de Hitchcock de que la sugestión es la herramienta más poderosa del director.

Al igual que en los clásicos, el Kraken no es solo un depredador, sino un espejo de nuestra propia impotencia ante una naturaleza que finalmente reclama su territorio.

ECO – TERROR, ¿EL NUEVO SUBGÉNERO?

El verdadero horror en kraken no reside únicamente en la escala monumental de su criatura, sino en el mensaje punzante que subyace bajo la superficie del fiordo. La película funciona como una pieza de eco-terror que invita a analizar si la intervención humana y las prácticas de la industria pesquera son la causa directa del despertar del monstruo. Al presentar al Kraken como algo «tan grande como una montaña», su director nos sugiere que la naturaleza posee una memoria ancestral que finalmente ha decidido reclamar su territorio frente a la explotación desmedida. Este enfoque transforma la cinta en un espejo de nuestra propia impotencia, donde el rugido que emana de las profundidades es, en realidad, el grito de un ecosistema herido que se manifiesta con una fuerza destructiva letal e inevitable.

Es en este aspecto que la actuación de Sara Khorami (Johanne), quien como bióloga marina representa la voz de la ciencia intentando advertir sobre un desequilibrio natural que la comunidad rural y las industrias se niegan a ver hasta que es demasiado tarde.

LA DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: ENTRE LA MAJESTUOSIDAD Y LA CLAUSTROFOBIA

La propuesta visual de la película es uno de sus pilares más sólidos, logrando que el entorno natural sea tan aterrador como la criatura misma, aquí tenemos primero que nada el Paisaje como Personaje, quiero decir que la cinematografía aprovecha las montañas escarpadas y las aguas oscuras de Noruega, como nido y genesis de la leyenda, lo que también se conjuga con la Claustrofobia de los Fiordos, que a pesar de la amplitud de los escenarios, la fotografía logra transmitir una sensación de encierro al utilizar la penumbra y los perfiles de los fiordos para construir una tensión real antes de la gran revelación del monstruo.

Por otro lado, el contraste de Escala que utiliza la cámara para enfatizar la magnitud de la amenaza, describiendo visualmente al Kraken como algo «tan grande como una montaña», nos permite entender que la dualidad estética existe gracias a una marcada diferencia entre la belleza natural de los exteriores y la oscuridad opresiva de las profundidades marinas, que nos termina regalando una atmósfera de tensión, en donde la luz y la composición de los planos trabajan en conjunto con el diseño sonoro para transformar el Sognefjord en una fosa de ansiedad insostenible para el espectador.

Aunque algunos efectos visuales (VFX) muestran una dualidad en su calidad, la fotografía siempre mantiene un estándar alto que ancla la película en un realismo inquietante.

LA NATURALEZA RECLAMA SU TRONO

En última instancia, esta ópera demuestra que el cine noruego ha encontrado una voz poderosa y distintiva dentro del género del eco-terror. Al utilizar el sonido como una herramienta de asfixia constante y transformar el majestuoso paisaje del Sognefjord en una fosa de ansiedad insostenible, el director nos entrega una obra audiovisual en donde el verdadero horror trasciende la presencia física de un monstruo del tamaño de una montaña.

La película no solo triunfa como un espectáculo visual de supervivencia, sino como una advertencia punzante sobre nuestra propia impotencia ante una naturaleza que, tras años de intervención humana y explotación industrial, finalmente ha decidido reclamar su territorio. Siguiendo el legado de maestros como Hitchcock y Spielberg, Kraken nos recuerda que el miedo más profundo no siempre es lo que vemos en pantalla, sino la certeza de que algo inmenso y ancestral nos acecha desde la oscuridad de nuestras propias aguas.

Pero esta es otra historia…..

Alejandro Diaz Retamal
Director - guionista